Una paz duradera
Había una vez un pequeño pensamiento que vino a la mente, (a mi mente o a la tuya). Este primer pensamiento se dio cuenta de sí mismo, tomó consciencia, y a su vez pensó que podría ser otro pensamiento diferente. Ahora ambos pensamientos se mostraron a ellos mismos y tuvieron otros a su vez. Así se creó un mundo de pensamientos. Tantos hubo que olvidaron su origen, el por qué de su existencia y el propósito de seguir aquí. Entre todos ellos hubo uno que irrumpió en el silencio y comenzó a experimentarse en forma de emoción y sintió la necesidad de que fuese además experimentado en un cuerpo, manifestando así sus sentimientos en una forma, en una forma de sensación humana. Conversaron unos pensamientos con otros y llegaron a vivir la misma experiencia y se ratificaron y justificaron entre sí.
Tal nivel la expresividad acabó en ruido, en molestia, ésta en discusión, luego en enfado, más tarde en hostilidad, aumentó su ira, y finalmente se agredieron. Con miedo y con terror lucharon y se enfrentaron hasta que finalmente su aflicción y su tristeza acabó en desesperación, depresión e incluso locura. Todos rompieron su paz interior. Todos contrariaron a la paz de su espíritu, la paz del corazón. Ésta paz que todos conocemos y que tan poco tiempo disfrutamos.
Que todos poseemos y decidimos concluir cada vez que damos nuestro consentimiento. Declinamos y elegimos abandonar la paz y aferrarnos a las desvencijadas y tortuosas aventuras del desequilibrio de nuestros pensamientos en nuestra mente. Esa paz que anhelas vive dentro de ti y nunca se ha marchado. Simplemente la hemos ocultado, arrinconado, desprotegido u olvidado, pero nunca nunca nunca nos podemos deshacer de ella. Es nuestra herencia natural. Estemos pues muy atentos a nuestros pensamientos, a nuestros sentimientos, a nuestras palabras y acciones; y veamos las sensaciones que se desencadenan.
Cuando experimentamos la paz nunca viene desde fuera pues la experimentamos en nuestra mente y la absorbe nuestro cuerpo. Todo lo que viene de fuera no tiene ningún poder sobre tu experiencia interior a no ser que tú así lo interpretes o le otorgues consentimiento. La paz no se va si tú no quieres. La paz no es efímera sino duradera. Si los pensamientos que van y que vienen, que son efímeros y repetidos, si no son deseados o apegados, ahí la paz no la habrás desterrado. Pues nunca es eliminada. Simple y llanamente mantén a tu mente presente, consciente y atenta, ahora y siempre, tal y como la experimentes en este único instante, y repítelo. Así la paz será siempre duradera.
Con mucho Amor, la Paz Misma.
Siempre estamos llamando a la paz. Pensamos que haciendo un llamamiento al mundo, el mundo nos oirá y parará. Esta simple implicación no ve y no observa por tanto que la paz es algo interno. Procede de tu interior.
Si verdaderamente cada miembro de la especie humana, única en el planeta que se encuentra en estado de guerra y también la única que pide la paz; si cada miembro, absolutamente todos ellos, sin excepción, tuvieran una paz interior, una serenidad, una calma, una tranquilidad tan relajada y amable que pudieran gozarla y así mismo proporcionarla a sus semejantes, ¿qué necesidad habría de inquietarse o alterarse o tener angustiosos pensamientos que cambiasen ese estado de paz tan profundo?
La paz ya está presente en cada uno de nosotros pero por alguna extraña razón la decidimos romper, ocultar; y pusimos obstáculos para no verla y la perdimos de vista. Tanto parece que se alejó, que ahora pensamos, sólo pensamos, que hay que salir a buscarla y recuperarla para atesorarla y abrazarla y así nunca más perderla.
La tan merecida paz nunca te ha abandonado. La verás en tu interior pero ahí no buscas pues crees que nada hay en ese lugar tan oscuro al que no quieres ni mirar. Limpiar tus pensamientos que entorpecen llegar hasta ella, quitar las interferencias que evitan esa comunicación interior te permitirá escuchar el TIC TAC, TIC TAC, de tu corazón. Ese gran corazón bondadoso y amoroso que tanto has parecido perder, aún sigue latiendo esperando volver a ser reconocido.
Deja de buscar afuera lo que se te otorgó en tu nacimiento y recuperarás tu gran don pacífico, pues te repites y te repiten que has de pedírselo a los otros. ¡Si ya lo tienes!
Si expandes esta idea, crees en ella y pones la fe, pues la fe y la creencia viajan siempre juntas, el amor de la paz tiende su manto cálido sobre todo el planeta. Ese maravilloso planeta en el que la vida se expresa en amor a cada instante por todas partes.
Apresúrate diligentemente a gozar de esa paz y verás como todo a tu alrededor brilla y esa luz ilumina al mundo.
Gracias, gracias, gracias.
Yo soy uno.